sábado, 12 de septiembre de 2009

Cementerio

Bueno, me he pasado la noche leyendo (por recomendación de mi primo, Leon Durmiente) "El príncipe de la niebla" y creo, o más bien espero, que se me haya pegado algo...

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Es noche cerrada, solo iluminada por las estrellas y la Luna llena. Voy arrastrando los pies, camino del cementerio del pueblo, con la linterna que llevo en la mano, temblando. Por mi mente pasan las imágenes de esta misma tarde: mis amigos y yo, sentados en el garaje de Will, contando historias de terror.

-¡Maldita sea mi suerte! ¡Tuvo que tocarme a mí el reto de esta semana!

Doy un salto en el sitio. ¿Me acaba de asustar mi propia voz? ¿Donde quedó la chica valiente que se adentraría en el cementerio y pasaría la noche allí, sentada sobre una lápida hasta el alba? Me la habré dejado en el umbral de la puerta de mi casa. Dejo de caminar. Ante mí se yergue la puerta del cementerio. Alargo una mano temblorosa y empujo la verja de hierro, que se abre con un sonoro chirrido. Cuando está lo suficientemente abierta como para entrar, me deslizo dentro y cierro. Ilumino con la linterna el que será el escenario de mis paranoias de aquí al amanecer.

-Bien, tranquila -me digo en un susurro- solo es un cementerio, lo único vivo que hay por aquí son arañas y ratas.

Un escalofrío me recorre la espina dorsal: arañas ¡que asco! Se oye un aullido lejano.

-Solo es un perro -me miento, en verdad se que hay un bosque tras el cementerio, habitado por lobos.

Reemprendo la caminata, esta vez sin rumbo fijo. Se oye otro aullido, más cerca que el anterior, que siembra una semilla de pánico en mi corazón. Sigo andando, mientras la semilla de pánico comienza a germinar al oír otro aullido, preocupantemente cerca.

...¿Por qué no huyes?...

Es esa maldita vocecita ¿no tiene nada mejor que hacer que tocarme las narices?

-No puedo huir -le contesto a la vocecita que solo existe en mi cabeza- Will me llamó cobarde, le demostraré que no lo soy.

...Will te ha mandado a una muerte segura, él sabe que los lobos bajan a la linde del bosque las noches de Luna llena...

-¡Eso es mentira! -grito.

Por mi mente comienzan a circular varias hipótesis: ¿Me estoy volviendo loca? ¿En vedad Will desea que yo muera esta noche, devorada por los lobos? ¿Vale la pena huir? ¿O muero conservando el honor? Un aullido a mis espaldas me saca de mis pensamientos. Me giro lentamente, temerosa de lo que pueda encontrar. Un lobo. Un lobo gris, echando espuma por la boca, gruñendo por lo bajo y apoyado sobre sus patas delanteras. La semilla de pánico se convierte en un enorme árbol de terror plantado en mi corazón. Siento a las piernas fallarme y las rodillas se me doblan, haciendo que caiga al suelo. El lobo me mira, sin moverse un centímetro.

...¿Lo ves? Una muerte segura, a manos de un lobo hambriento...

La vocecita tiene razón, voy a morir a manos de un lobo por culpa de mi orgullo, si hubiera huido antes... quizás ahora podría estar en casa, tomando una taza de Cola-Cao caliente. El lobo avanza un paso. Luego otro. Y luego el último que nos separa. Cierro los ojos con fuerza, deseando que sea rápido y no muy doloroso. No ocurre nada. Segundos después noto una lengua húmeda en mi rostro. Abro los ojos. ¡Es increíble! ¡El lobo no me está atacando! ¡Me está lamiendo! Lo alejo un poco de mí y lo miro con atención: No es un lobo, es el perro del enterrador.

-Hola, precioso -digo mientras le acaricio con cariño- ¿Eras tú quien aullaba a la Luna?

El perro niega con la cabeza, como si me hubiera entendido. Me abrazo a él sollozando. Debería irme ahora que puedo.. ¿o seré tan estúpida como para quedarme a esperar si llegará mi hora antes del alba?

...Estúpida...

La vocecita tiene razón, no sería capaz de salir de aquí e irme a casa por muy asustada que estuviera.

...Estúpida...

-Lo se -susurro para la vocecita- Lo se.

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