miércoles, 23 de diciembre de 2009

Lo siento!!

Lo siento, lo siento muchísimo, de verdad.

Al primero al que quiero pedir disculpas es a Jose: lo siento de verdad por el malentendido, la chica de la historia no era yo, ni siquiera sé quién era esa chica, solo un personaje más, siento que hayas pensado lo que pensaste =S

También os quiero pedir perdón a todos los que halláis leido la historia y pensarais que... bueno, que iba con segundas intenciones y eso... Dios, que vergüenza =S

Bueno, pues ya está... ya me he disculpado... de todas formas, lo siento, otra vez.

martes, 22 de diciembre de 2009

Tarde perfecta

¡Hola! Super inspirada. Mis dedos han empezado a rozar las teclas, y la hoja blanca del Word me ha contado una historia magnífica. Le pido prestado a Jose su nombre, ya que ha sido él quien ha inspirado este personaje. Esta historia te la dedico a ti.

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Él

Sentí ese dolor de nuevo, en el fondo de mi pecho. Cerré el cuaderno y me levanté del escritorio. Me subí un poco los pantalones y me coloqué en su sitio la sudadera. Abrí la puerta del dormitorio y bajé las escaleras. Cogí el teléfono móvil de la mesa y lo guardé en el bolsillo. Saqué las llaves y abrí la puerta. Salí y cerré tras de mí. Dejé las llaves de nuevo en los pantalones y comencé a caminar, sin saber a donde iba, solo siguiendo los impulsos de mi corazón. No sabía el lugar exacto donde estaba ella, pero sí de donde provenía el dolor. La causa del dolor del fondo de mi pecho… no sabía donde estaba, pero sí como rastrearla. Me sucedía desde hacía unas semanas, era capaz de encontrarla en cualquier lugar, en cualquier momento, siempre y cuando ella estuviera sufriendo. Mis pasos me llevaron hasta el parque de la ciudad. Sollozos. Leves, que apenas tapaban el susurro del viento. Venían de detrás de un arbusto. Me acerqué, con cuidado de no hacer ruido. Ahí estaba. Llorando. Estaba sentada sobre el césped, tapándose la cara con las manos. Me arrodillé junto a ella y rodeé su cintura con mis brazos. Las manos de ella dejaron su cara al descubierto, y agarraron mis brazos, haciendo que el abrazo fuera más estrecho. Los sollozos seguían ambientando la escena.


Ella

Era él. Había estado cegada tanto tiempo... Llevaba semanas sufriendo por el trato que me daba Pablo, pensando que él me amaba, y que nuestro amor duraría para siempre. Pero hoy… hoy le había descubierto besando a otra chica, mirándola con amor y acariciándola con ternura, algo que ya nunca hacía conmigo. Me había quedado destrozada, y había encontrado escondite tras ese arbusto. Llevaba unos cuantos minutos llorando cuando llegó Jose. Cuando me rodeó con sus brazos sin decir una sola palabra… simplemente lo supe. Él había estado siempre ahí, siempre cuidándome, protegiéndome, amándome en secreto… y no me había dado cuenta. Jose siempre había sido mi mejor amigo, desde que nos conocimos cuando yo pasaba por un mal momento, un momento sin chico y sin amigas. Él había conseguido que una sonrisa adornara mis labios de nuevo.

-Jose… -susurré.

-No tienes por qué decir nada –contestó junto a mi oído.

-Bésame… por favor… -musité.

El abrazo de él se aflojó un tanto. Uno de sus brazos soltó mi cintura para tomarme la barbilla y que lo mirara a los ojos. No sabía qué había visto él en fondo de los negros pozos de lágrimas que eran mis ojos, pero acercó sus labios a los míos y los presionó con ternura. Cuando intentó apartar los labios, me incliné hacia delante para no soltarle.


Él

La felicidad me inundó por dentro. Me incliné un poco hacia delante para seguir besándola. Abrí un poco la boca, ella la abrió también y nuestros labios se movieron al unísono. Nuestras lenguas se rozaron solo un momento, y luego se acariciaron tiernamente. Las manos de ella fueron a mis pantalones. Las mías la apartaron un poco.

-Amor… ¿estás… segura? –musité.

-Por favor, Jose… por… favor…-susurró.

Accedí. Llevé mis manos a su camiseta y se la quité. Sus manos bajaron mis pantalones. Las mías imitaron el gesto con los suyos. Llevó las manos a mi sudadera y la tendió sobre el prado. La tumbé encima. Mis manos enredaron con el cierre de su sujetador hasta hacerlo ceder.


[Treinta minutos después.]


Ella

Perfecta. En el momento perfecto y con el chico perfecto.

-Te quiero… -le susurré.

-Yo a ti también, amor –dijo junto a mi oído, justo antes de depositar un beso en mi frente.

Estábamos tumbados sobre su sudadera, yo vestida con su camiseta XL y él vestido con sus vaqueros. Nunca me había dado cuenta de lo grande que era Jose. Medía casi dos metros, es decir, casi medio metro más que yo. Estar abrazada a él, así, era tan reconfortante… apoyar mi cabeza sobre su pecho, mientras él enreda sus dedos en mis cabellos...

domingo, 13 de diciembre de 2009

Prólogo de: H & V, Crónicas de Seres Míticos.

¡Hola chikiis! Hoy estoy eufórica, no se por qué pero me siento con ganas de comerme el mundo ^^. Esta es la versión breve de la historia que le dedico a Yass, que es posible que termine combiertiendose en una novela de varios tomos titulada H & V, Crónicas de Seres Míticos. A Yass le encanta, y San me ha dado un 6'5, así que estoy motivada xD. Espero que os guste tanto como a mí.

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Las olas azotaban sus cuerpos, tendidos en la playa, abrazados. Un escalofrío recorrió a la chica. Su acompañante se tendió sobre ella, en un vano intento de que el frío la abandonara. Bajo el cielo encapotado, ambos tiritaban, sin más abrigo que sus escasas y empapadas ropas. Solo las olas y los truenos, perturbaban el silencio. En los ojos de ella, apenas quedaba vida. Se iba. Al semblante de él lo recorrían las lágrimas. En ese momento, una sombra apareció en la linde de la playa. Con una rapidez que nada tenía que envidiar a los más veloces aviones, se situó junto a los dos cuerpos. Apartó al chico y tomó, con extrema delicadeza, aquel hermoso cuerpo femenino, entre sus brazos, ante la desorbitada mirada del adolescente. Tan rápido como había llegado, se fue, y desapareció en el bosque que limitaba la playa, con la doncella en brazos.

* * * *

Llegaron a una cueva. En el centro, había una piedra ovalada de gran tamaño donde, con infinita delicadeza, él la depositó. Ella apenas podía ver ya lo que la rodeaba, la novela de su vida llegaba a la última página. Pero entonces algo lo cambió todo. Calor. Mucho calor. Se extendía por todo su cuerpo.

Sus colmillos penetraron en el cuello de la chica, aunque ella no pudiera verlo. El vampiro sabía lo que ella sentiría: un calor abrasador, quemándola por dentro durante días… Pero no había otra elección, ella tenía un don especial, y se estaba muriendo. No había otra forma de salvarla, ni a ella ni a su don. Él se quedaría ahí, tomándola de la mano, hasta que pudiera despertar.

* * * *

Ella abrió los ojos. Por fin el calor había remitido. Alguien había escrito Continuará en la última página del libro de su vida, y ahora tenía otra oportunidad, un grueso volumen en el que escribir el resto de sus vivencias.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Encuentros

¡Hola! Aquí dejo la historia que le he dedicado a María Sánchez. No es muy larga, pero la verdad es que no me ha quedado mal del todo, teniendo en cuenta que no lleba vampiros, hombres lobo ni fantasmas xD. Bueno, que os guste.

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Elena caminaba por el pasillo, hacia el aula de matemáticas, con los libros en la mano, cuando se tropezó con Héctor. Los libros de ella cayeron al suelo y el chico se agachó para recogerlos, al mismo tiempo que ella. Sus manos se rozaron un instante y ambos se miraron a los ojos. Elena se sonrojó y aparto la mirada. Héctor sonrió y la entregó los libros mientras ambos se levantaban a la vez.

-Perdona –se disculpó él.

-No importa… -dijo ella, aún azorada.

El chico se puso de puntillas y la besó en las mejillas sonrojadas, lo que hizo que el color se volviera más evidente. Héctor sonrió y siguió hacia su clase. Elena se quedó en el sitio, sin poder moverse, por unos minutos. Cuando pudo reaccionar, echó a correr hacia el aula de matemáticas, y antes de entrar miró el reloj: llegaba veinte minutos tarde.

* * * * *

Al sonar el timbre, Elena salió de clase y fue al patio. Cuando bajaba por las escaleras, se tropezó, cerró los ojos instintivamente y echó los brazos hacia delante. No se dio contra el suelo. Abrió los ojos. Héctor la estaba sujetando, sonriente. Elena se sonrojó de nuevo.

-Hola otra vez –dijo él, sonriente.

-Hola… gracias por sujetarme –respondió ella.

-De nada –Héctor se puso de puntillas y la besó –no podía dejarte caer.

La chica no podía creerlo, pero ahí estaba Héctor, sujetándola, sonriente, y acababa de besarla. Una sonrisa adornó los labios de Elena, y la valentía hizo hervir su sangre cuando besó a Héctor con pasión y este le devolvió el beso.