Lo siento, lo siento muchísimo, de verdad.
Al primero al que quiero pedir disculpas es a Jose: lo siento de verdad por el malentendido, la chica de la historia no era yo, ni siquiera sé quién era esa chica, solo un personaje más, siento que hayas pensado lo que pensaste =S
También os quiero pedir perdón a todos los que halláis leido la historia y pensarais que... bueno, que iba con segundas intenciones y eso... Dios, que vergüenza =S
Bueno, pues ya está... ya me he disculpado... de todas formas, lo siento, otra vez.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
martes, 22 de diciembre de 2009
Tarde perfecta
¡Hola! Super inspirada. Mis dedos han empezado a rozar las teclas, y la hoja blanca del Word me ha contado una historia magnífica. Le pido prestado a Jose su nombre, ya que ha sido él quien ha inspirado este personaje. Esta historia te la dedico a ti.
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Él
Sentí ese dolor de nuevo, en el fondo de mi pecho. Cerré el cuaderno y me levanté del escritorio. Me subí un poco los pantalones y me coloqué en su sitio la sudadera. Abrí la puerta del dormitorio y bajé las escaleras. Cogí el teléfono móvil de la mesa y lo guardé en el bolsillo. Saqué las llaves y abrí la puerta. Salí y cerré tras de mí. Dejé las llaves de nuevo en los pantalones y comencé a caminar, sin saber a donde iba, solo siguiendo los impulsos de mi corazón. No sabía el lugar exacto donde estaba ella, pero sí de donde provenía el dolor. La causa del dolor del fondo de mi pecho… no sabía donde estaba, pero sí como rastrearla. Me sucedía desde hacía unas semanas, era capaz de encontrarla en cualquier lugar, en cualquier momento, siempre y cuando ella estuviera sufriendo. Mis pasos me llevaron hasta el parque de la ciudad. Sollozos. Leves, que apenas tapaban el susurro del viento. Venían de detrás de un arbusto. Me acerqué, con cuidado de no hacer ruido. Ahí estaba. Llorando. Estaba sentada sobre el césped, tapándose la cara con las manos. Me arrodillé junto a ella y rodeé su cintura con mis brazos. Las manos de ella dejaron su cara al descubierto, y agarraron mis brazos, haciendo que el abrazo fuera más estrecho. Los sollozos seguían ambientando la escena.
Ella
Era él. Había estado cegada tanto tiempo... Llevaba semanas sufriendo por el trato que me daba Pablo, pensando que él me amaba, y que nuestro amor duraría para siempre. Pero hoy… hoy le había descubierto besando a otra chica, mirándola con amor y acariciándola con ternura, algo que ya nunca hacía conmigo. Me había quedado destrozada, y había encontrado escondite tras ese arbusto. Llevaba unos cuantos minutos llorando cuando llegó Jose. Cuando me rodeó con sus brazos sin decir una sola palabra… simplemente lo supe. Él había estado siempre ahí, siempre cuidándome, protegiéndome, amándome en secreto… y no me había dado cuenta. Jose siempre había sido mi mejor amigo, desde que nos conocimos cuando yo pasaba por un mal momento, un momento sin chico y sin amigas. Él había conseguido que una sonrisa adornara mis labios de nuevo.
-Jose… -susurré.
-No tienes por qué decir nada –contestó junto a mi oído.
-Bésame… por favor… -musité.
El abrazo de él se aflojó un tanto. Uno de sus brazos soltó mi cintura para tomarme la barbilla y que lo mirara a los ojos. No sabía qué había visto él en fondo de los negros pozos de lágrimas que eran mis ojos, pero acercó sus labios a los míos y los presionó con ternura. Cuando intentó apartar los labios, me incliné hacia delante para no soltarle.
Él
La felicidad me inundó por dentro. Me incliné un poco hacia delante para seguir besándola. Abrí un poco la boca, ella la abrió también y nuestros labios se movieron al unísono. Nuestras lenguas se rozaron solo un momento, y luego se acariciaron tiernamente. Las manos de ella fueron a mis pantalones. Las mías la apartaron un poco.
-Amor… ¿estás… segura? –musité.
-Por favor, Jose… por… favor…-susurró.
Accedí. Llevé mis manos a su camiseta y se la quité. Sus manos bajaron mis pantalones. Las mías imitaron el gesto con los suyos. Llevó las manos a mi sudadera y la tendió sobre el prado. La tumbé encima. Mis manos enredaron con el cierre de su sujetador hasta hacerlo ceder.
[Treinta minutos después.]
Ella
Perfecta. En el momento perfecto y con el chico perfecto.
-Te quiero… -le susurré.
-Yo a ti también, amor –dijo junto a mi oído, justo antes de depositar un beso en mi frente.
Estábamos tumbados sobre su sudadera, yo vestida con su camiseta XL y él vestido con sus vaqueros. Nunca me había dado cuenta de lo grande que era Jose. Medía casi dos metros, es decir, casi medio metro más que yo. Estar abrazada a él, así, era tan reconfortante… apoyar mi cabeza sobre su pecho, mientras él enreda sus dedos en mis cabellos...
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Él
Sentí ese dolor de nuevo, en el fondo de mi pecho. Cerré el cuaderno y me levanté del escritorio. Me subí un poco los pantalones y me coloqué en su sitio la sudadera. Abrí la puerta del dormitorio y bajé las escaleras. Cogí el teléfono móvil de la mesa y lo guardé en el bolsillo. Saqué las llaves y abrí la puerta. Salí y cerré tras de mí. Dejé las llaves de nuevo en los pantalones y comencé a caminar, sin saber a donde iba, solo siguiendo los impulsos de mi corazón. No sabía el lugar exacto donde estaba ella, pero sí de donde provenía el dolor. La causa del dolor del fondo de mi pecho… no sabía donde estaba, pero sí como rastrearla. Me sucedía desde hacía unas semanas, era capaz de encontrarla en cualquier lugar, en cualquier momento, siempre y cuando ella estuviera sufriendo. Mis pasos me llevaron hasta el parque de la ciudad. Sollozos. Leves, que apenas tapaban el susurro del viento. Venían de detrás de un arbusto. Me acerqué, con cuidado de no hacer ruido. Ahí estaba. Llorando. Estaba sentada sobre el césped, tapándose la cara con las manos. Me arrodillé junto a ella y rodeé su cintura con mis brazos. Las manos de ella dejaron su cara al descubierto, y agarraron mis brazos, haciendo que el abrazo fuera más estrecho. Los sollozos seguían ambientando la escena.
Ella
Era él. Había estado cegada tanto tiempo... Llevaba semanas sufriendo por el trato que me daba Pablo, pensando que él me amaba, y que nuestro amor duraría para siempre. Pero hoy… hoy le había descubierto besando a otra chica, mirándola con amor y acariciándola con ternura, algo que ya nunca hacía conmigo. Me había quedado destrozada, y había encontrado escondite tras ese arbusto. Llevaba unos cuantos minutos llorando cuando llegó Jose. Cuando me rodeó con sus brazos sin decir una sola palabra… simplemente lo supe. Él había estado siempre ahí, siempre cuidándome, protegiéndome, amándome en secreto… y no me había dado cuenta. Jose siempre había sido mi mejor amigo, desde que nos conocimos cuando yo pasaba por un mal momento, un momento sin chico y sin amigas. Él había conseguido que una sonrisa adornara mis labios de nuevo.
-Jose… -susurré.
-No tienes por qué decir nada –contestó junto a mi oído.
-Bésame… por favor… -musité.
El abrazo de él se aflojó un tanto. Uno de sus brazos soltó mi cintura para tomarme la barbilla y que lo mirara a los ojos. No sabía qué había visto él en fondo de los negros pozos de lágrimas que eran mis ojos, pero acercó sus labios a los míos y los presionó con ternura. Cuando intentó apartar los labios, me incliné hacia delante para no soltarle.
Él
La felicidad me inundó por dentro. Me incliné un poco hacia delante para seguir besándola. Abrí un poco la boca, ella la abrió también y nuestros labios se movieron al unísono. Nuestras lenguas se rozaron solo un momento, y luego se acariciaron tiernamente. Las manos de ella fueron a mis pantalones. Las mías la apartaron un poco.
-Amor… ¿estás… segura? –musité.
-Por favor, Jose… por… favor…-susurró.
Accedí. Llevé mis manos a su camiseta y se la quité. Sus manos bajaron mis pantalones. Las mías imitaron el gesto con los suyos. Llevó las manos a mi sudadera y la tendió sobre el prado. La tumbé encima. Mis manos enredaron con el cierre de su sujetador hasta hacerlo ceder.
[Treinta minutos después.]
Ella
Perfecta. En el momento perfecto y con el chico perfecto.
-Te quiero… -le susurré.
-Yo a ti también, amor –dijo junto a mi oído, justo antes de depositar un beso en mi frente.
Estábamos tumbados sobre su sudadera, yo vestida con su camiseta XL y él vestido con sus vaqueros. Nunca me había dado cuenta de lo grande que era Jose. Medía casi dos metros, es decir, casi medio metro más que yo. Estar abrazada a él, así, era tan reconfortante… apoyar mi cabeza sobre su pecho, mientras él enreda sus dedos en mis cabellos...
domingo, 13 de diciembre de 2009
Prólogo de: H & V, Crónicas de Seres Míticos.
¡Hola chikiis! Hoy estoy eufórica, no se por qué pero me siento con ganas de comerme el mundo ^^. Esta es la versión breve de la historia que le dedico a Yass, que es posible que termine combiertiendose en una novela de varios tomos titulada H & V, Crónicas de Seres Míticos. A Yass le encanta, y San me ha dado un 6'5, así que estoy motivada xD. Espero que os guste tanto como a mí.
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Las olas azotaban sus cuerpos, tendidos en la playa, abrazados. Un escalofrío recorrió a la chica. Su acompañante se tendió sobre ella, en un vano intento de que el frío la abandonara. Bajo el cielo encapotado, ambos tiritaban, sin más abrigo que sus escasas y empapadas ropas. Solo las olas y los truenos, perturbaban el silencio. En los ojos de ella, apenas quedaba vida. Se iba. Al semblante de él lo recorrían las lágrimas. En ese momento, una sombra apareció en la linde de la playa. Con una rapidez que nada tenía que envidiar a los más veloces aviones, se situó junto a los dos cuerpos. Apartó al chico y tomó, con extrema delicadeza, aquel hermoso cuerpo femenino, entre sus brazos, ante la desorbitada mirada del adolescente. Tan rápido como había llegado, se fue, y desapareció en el bosque que limitaba la playa, con la doncella en brazos.
* * * *
Llegaron a una cueva. En el centro, había una piedra ovalada de gran tamaño donde, con infinita delicadeza, él la depositó. Ella apenas podía ver ya lo que la rodeaba, la novela de su vida llegaba a la última página. Pero entonces algo lo cambió todo. Calor. Mucho calor. Se extendía por todo su cuerpo.
Sus colmillos penetraron en el cuello de la chica, aunque ella no pudiera verlo. El vampiro sabía lo que ella sentiría: un calor abrasador, quemándola por dentro durante días… Pero no había otra elección, ella tenía un don especial, y se estaba muriendo. No había otra forma de salvarla, ni a ella ni a su don. Él se quedaría ahí, tomándola de la mano, hasta que pudiera despertar.
* * * *
Ella abrió los ojos. Por fin el calor había remitido. Alguien había escrito Continuará en la última página del libro de su vida, y ahora tenía otra oportunidad, un grueso volumen en el que escribir el resto de sus vivencias.
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Las olas azotaban sus cuerpos, tendidos en la playa, abrazados. Un escalofrío recorrió a la chica. Su acompañante se tendió sobre ella, en un vano intento de que el frío la abandonara. Bajo el cielo encapotado, ambos tiritaban, sin más abrigo que sus escasas y empapadas ropas. Solo las olas y los truenos, perturbaban el silencio. En los ojos de ella, apenas quedaba vida. Se iba. Al semblante de él lo recorrían las lágrimas. En ese momento, una sombra apareció en la linde de la playa. Con una rapidez que nada tenía que envidiar a los más veloces aviones, se situó junto a los dos cuerpos. Apartó al chico y tomó, con extrema delicadeza, aquel hermoso cuerpo femenino, entre sus brazos, ante la desorbitada mirada del adolescente. Tan rápido como había llegado, se fue, y desapareció en el bosque que limitaba la playa, con la doncella en brazos.
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Llegaron a una cueva. En el centro, había una piedra ovalada de gran tamaño donde, con infinita delicadeza, él la depositó. Ella apenas podía ver ya lo que la rodeaba, la novela de su vida llegaba a la última página. Pero entonces algo lo cambió todo. Calor. Mucho calor. Se extendía por todo su cuerpo.
Sus colmillos penetraron en el cuello de la chica, aunque ella no pudiera verlo. El vampiro sabía lo que ella sentiría: un calor abrasador, quemándola por dentro durante días… Pero no había otra elección, ella tenía un don especial, y se estaba muriendo. No había otra forma de salvarla, ni a ella ni a su don. Él se quedaría ahí, tomándola de la mano, hasta que pudiera despertar.
* * * *
Ella abrió los ojos. Por fin el calor había remitido. Alguien había escrito Continuará en la última página del libro de su vida, y ahora tenía otra oportunidad, un grueso volumen en el que escribir el resto de sus vivencias.
domingo, 6 de diciembre de 2009
Encuentros
¡Hola! Aquí dejo la historia que le he dedicado a María Sánchez. No es muy larga, pero la verdad es que no me ha quedado mal del todo, teniendo en cuenta que no lleba vampiros, hombres lobo ni fantasmas xD. Bueno, que os guste.
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Elena caminaba por el pasillo, hacia el aula de matemáticas, con los libros en la mano, cuando se tropezó con Héctor. Los libros de ella cayeron al suelo y el chico se agachó para recogerlos, al mismo tiempo que ella. Sus manos se rozaron un instante y ambos se miraron a los ojos. Elena se sonrojó y aparto la mirada. Héctor sonrió y la entregó los libros mientras ambos se levantaban a la vez.
-Perdona –se disculpó él.
-No importa… -dijo ella, aún azorada.
El chico se puso de puntillas y la besó en las mejillas sonrojadas, lo que hizo que el color se volviera más evidente. Héctor sonrió y siguió hacia su clase. Elena se quedó en el sitio, sin poder moverse, por unos minutos. Cuando pudo reaccionar, echó a correr hacia el aula de matemáticas, y antes de entrar miró el reloj: llegaba veinte minutos tarde.
* * * * *
Al sonar el timbre, Elena salió de clase y fue al patio. Cuando bajaba por las escaleras, se tropezó, cerró los ojos instintivamente y echó los brazos hacia delante. No se dio contra el suelo. Abrió los ojos. Héctor la estaba sujetando, sonriente. Elena se sonrojó de nuevo.
-Hola otra vez –dijo él, sonriente.
-Hola… gracias por sujetarme –respondió ella.
-De nada –Héctor se puso de puntillas y la besó –no podía dejarte caer.
La chica no podía creerlo, pero ahí estaba Héctor, sujetándola, sonriente, y acababa de besarla. Una sonrisa adornó los labios de Elena, y la valentía hizo hervir su sangre cuando besó a Héctor con pasión y este le devolvió el beso.
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Elena caminaba por el pasillo, hacia el aula de matemáticas, con los libros en la mano, cuando se tropezó con Héctor. Los libros de ella cayeron al suelo y el chico se agachó para recogerlos, al mismo tiempo que ella. Sus manos se rozaron un instante y ambos se miraron a los ojos. Elena se sonrojó y aparto la mirada. Héctor sonrió y la entregó los libros mientras ambos se levantaban a la vez.
-Perdona –se disculpó él.
-No importa… -dijo ella, aún azorada.
El chico se puso de puntillas y la besó en las mejillas sonrojadas, lo que hizo que el color se volviera más evidente. Héctor sonrió y siguió hacia su clase. Elena se quedó en el sitio, sin poder moverse, por unos minutos. Cuando pudo reaccionar, echó a correr hacia el aula de matemáticas, y antes de entrar miró el reloj: llegaba veinte minutos tarde.
* * * * *
Al sonar el timbre, Elena salió de clase y fue al patio. Cuando bajaba por las escaleras, se tropezó, cerró los ojos instintivamente y echó los brazos hacia delante. No se dio contra el suelo. Abrió los ojos. Héctor la estaba sujetando, sonriente. Elena se sonrojó de nuevo.
-Hola otra vez –dijo él, sonriente.
-Hola… gracias por sujetarme –respondió ella.
-De nada –Héctor se puso de puntillas y la besó –no podía dejarte caer.
La chica no podía creerlo, pero ahí estaba Héctor, sujetándola, sonriente, y acababa de besarla. Una sonrisa adornó los labios de Elena, y la valentía hizo hervir su sangre cuando besó a Héctor con pasión y este le devolvió el beso.
lunes, 30 de noviembre de 2009
El trabajo del fantasma
¡Hola! Al fin he terminado el trabajo de Lengua del fantasma ¬¬. La verdad es que no me ha quedado mal, así que voy a subirlo. No he encontrado un buen título que ponerle... así que nada, es El trabajo del fantasma, xD. Esta historia no se la puedo dedicar a nadie más que a mí, así que sigo debiéndole a Yass una historia wapa con el vampiro de sus sueños. Besos y... espero que os guste.
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Iris caminaba por los pasillos del instituto, perdida en sus pensamientos. Sintió una caricia en el rostro, y un cosquilleo le recorrió la espina dorsal. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Para alguien corriente, nada había causado esa sonrisa, pero Iris lo tenía muy claro: había sido Erick. Una voz resonó en su cabeza, una voz que no era la suya. Hola, Iris.
-Hola, Erick –musitó la chica.
Otra caricia. Para ella no había nada tan reconfortante como esos roces etéreos que le proporcionaba su amigo. ¿Vuelves a estar sola? Iris asintió imperceptiblemente. A la chica no la agradaba la compañía de sus estúpidos compañeros de curso. La miraban de reojo, esperando a que hiciera algo que denotara locura, como hablar sola en susurros o reír sin razón alguna. Para ellos, Erick no existía, porque la mayoría de la gente no puede ver a los fantasmas. Por eso Iris evitaba a toda costa estar con cualquier otra persona, porque le resultaba imposible ignorar a su amigo incorpóreo. Sonó el timbre que indicaba el final del recreo. La chica se encaminó, sin prisa, hacia el aula de lengua. No soportaba esa clase, allí tenía que sentarse con otras tres personas, dos chicas y un chico. Ana y Sara, que así se llamaban, no paraban de parlotear sobre temas superfluos, y Javier, el chico, se pasaba la clase mirándola, casi sin parpadear. Iris odiaba ser el centro de atención, aunque solo fuera de una única persona. Cuando al fin llegó a la puerta, la empujó con suavidad y entró en silencio al aula. Cerró la puerta tras de sí y se deslizó hasta su sitio. Nadie se dio cuenta de su llegada tardía, nadie excepto Javier, que no separó los ojos de ella desde que se sentó en su silla. Ella sacó los libros y se puso a hacer los ejercicios que había apuntados en la pizarra. Javier no deja de mirarte… resonó en la cabeza de la chica.
-Lo sé… no lo soporto –murmuró Iris.
El resto de la hora, la chica se dedicó a terminar las tareas y perderse en sus pensamientos, mientras el chico no apartaba la vista de ella. Sonó el timbre, declarando el final de su tortura. Rápidamente Iris guardó libros y estuche en su mochila. Salió disparada de clase y bajó las escaleras a toda velocidad, precedida de Javier y seguida por Erick. Una sonrisa de dibujó en el rostro del fantasma y dio un leve empujón a la chica, que resbaló y fue a parar a los brazos de Javier.
-Lo… lo siento… -musitó Iris, algo cohibida.
-No importa.
¡Esa voz! Esa era la voz que hablaba en los sueños de ella, la que le hacía promesas de un lugar alejado de todo y de todos, solos ellos dos y los seres más increíbles del mundo: sirenas, vampiros, duendes, hadas, hombres lobo…
-¡Tú! –casi gritó la chica.
-Sí. Es mi voz la que oyes en tus sueños –susurró Javier en el oído de Iris.
-¿Eres… un brujo? –dijo Iris, casi sin voz.
-Así es, pero tú tampoco eres del todo normal, ¿o me equivoco? –siguió diciendo Javier en susurros.
Ella negó con la cabeza en un gesto casi imperceptible.
-Y esas promesas… las de mis sueños… ¿son reales? –murmuró la chica.
-Por supuesto, solos tú, Erick y yo, en un mundo alejado de esos imbéciles, ¿qué te parece?
-Perfecto –y eso fue lo último que Iris dijo en la Tierra, porque estaban en las escaleras del instituto, y al segundo siguiente junto a un lago de aguas cristalinas en el que se bañaba un grupo de ninfas.
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Iris caminaba por los pasillos del instituto, perdida en sus pensamientos. Sintió una caricia en el rostro, y un cosquilleo le recorrió la espina dorsal. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Para alguien corriente, nada había causado esa sonrisa, pero Iris lo tenía muy claro: había sido Erick. Una voz resonó en su cabeza, una voz que no era la suya. Hola, Iris.
-Hola, Erick –musitó la chica.
Otra caricia. Para ella no había nada tan reconfortante como esos roces etéreos que le proporcionaba su amigo. ¿Vuelves a estar sola? Iris asintió imperceptiblemente. A la chica no la agradaba la compañía de sus estúpidos compañeros de curso. La miraban de reojo, esperando a que hiciera algo que denotara locura, como hablar sola en susurros o reír sin razón alguna. Para ellos, Erick no existía, porque la mayoría de la gente no puede ver a los fantasmas. Por eso Iris evitaba a toda costa estar con cualquier otra persona, porque le resultaba imposible ignorar a su amigo incorpóreo. Sonó el timbre que indicaba el final del recreo. La chica se encaminó, sin prisa, hacia el aula de lengua. No soportaba esa clase, allí tenía que sentarse con otras tres personas, dos chicas y un chico. Ana y Sara, que así se llamaban, no paraban de parlotear sobre temas superfluos, y Javier, el chico, se pasaba la clase mirándola, casi sin parpadear. Iris odiaba ser el centro de atención, aunque solo fuera de una única persona. Cuando al fin llegó a la puerta, la empujó con suavidad y entró en silencio al aula. Cerró la puerta tras de sí y se deslizó hasta su sitio. Nadie se dio cuenta de su llegada tardía, nadie excepto Javier, que no separó los ojos de ella desde que se sentó en su silla. Ella sacó los libros y se puso a hacer los ejercicios que había apuntados en la pizarra. Javier no deja de mirarte… resonó en la cabeza de la chica.
-Lo sé… no lo soporto –murmuró Iris.
El resto de la hora, la chica se dedicó a terminar las tareas y perderse en sus pensamientos, mientras el chico no apartaba la vista de ella. Sonó el timbre, declarando el final de su tortura. Rápidamente Iris guardó libros y estuche en su mochila. Salió disparada de clase y bajó las escaleras a toda velocidad, precedida de Javier y seguida por Erick. Una sonrisa de dibujó en el rostro del fantasma y dio un leve empujón a la chica, que resbaló y fue a parar a los brazos de Javier.
-Lo… lo siento… -musitó Iris, algo cohibida.
-No importa.
¡Esa voz! Esa era la voz que hablaba en los sueños de ella, la que le hacía promesas de un lugar alejado de todo y de todos, solos ellos dos y los seres más increíbles del mundo: sirenas, vampiros, duendes, hadas, hombres lobo…
-¡Tú! –casi gritó la chica.
-Sí. Es mi voz la que oyes en tus sueños –susurró Javier en el oído de Iris.
-¿Eres… un brujo? –dijo Iris, casi sin voz.
-Así es, pero tú tampoco eres del todo normal, ¿o me equivoco? –siguió diciendo Javier en susurros.
Ella negó con la cabeza en un gesto casi imperceptible.
-Y esas promesas… las de mis sueños… ¿son reales? –murmuró la chica.
-Por supuesto, solos tú, Erick y yo, en un mundo alejado de esos imbéciles, ¿qué te parece?
-Perfecto –y eso fue lo último que Iris dijo en la Tierra, porque estaban en las escaleras del instituto, y al segundo siguiente junto a un lago de aguas cristalinas en el que se bañaba un grupo de ninfas.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Noche con un chico-lobo
Esta es la cuarta historia, se la dedico a.. ¡mí! Esta historia la protagonizamos yo y el chico por el que siento lo que nunca sentiré por nadie más, aunque él no lo sepa.
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Estaban en un claro del bosque tumbados sobre el césped, abrazados.
-Realmente este lugar es mágico, Jared… me encanta que me hayas traído aquí.
Ambos sonreían, mirando a la Luna y las estrellas.
-Dijiste que ibas a mostrarme algo cuando llegáramos… ¿Él qué, Jary?
-¿Desde cuándo me llamas Jary?
-¿Te molesta? Lo siento…
-Prefiero Jared, pero no me molesta.
Iris sonrió, y se giró, para colocarse sobre Jared. Acercó sus labios a los suyos y le besó con ternura. Cuando el beso terminó, él no pudo evitar una sonrisa.
-Eres muy atrevida para tener quince años, ¿no crees?
-Quizás… Tú tienes un aire muy salvaje para tener dieciséis, ¿o me equivoco?
-No, no te equivocas –dijo Jared, girando para colocarse sobre ella.
Sintió la llamada de lo salvaje y besó a Iris con una pasión inigualable, dejándola casi sin aliento. Al separar sus labios, la chica vio un brillo de locura salvaje en los ojos de él. Sonrió, estaba segura de saber el secreto de Jared. Giró de nuevo y se colocó sobre el chico. Se acercó a su oído y le susurró pícaramente.
-Sé tu secreto… -y lo besó salvajemente. Separó sus labios de los suyos escasos centímetros y le sonrió- chico-lobo.
Los ojos de Jared se abrieron al máximo. No podía creer que ella lo hubiera adivinado con tanta facilidad. No, seguramente está bromeando pensó el chico. Volvió a adoptar su expresión pícara y salvaje y giró otra vez, colocándose sobre Iris.
-¿Estás segura, preciosa? –dijo justo antes de volver a besarla.
Ella notó que sus besos eran cada vez más salvajes, a medida que la Luna se acercaba al centro del cielo, quedando más cerca la media noche. Cuando sus labios se separaron, ella le contestó con una mirada resuelta y una voz firme salida de una boca en la que estaba dibujada una sonrisa pícara.
-Sí, segurísima, pero no te preocupes, adoro a los lobos, Jary –su voz había perdido fuerza a medida que hablaba, hasta convertirse en un susurro tierno.
Jared seguía sobre ella, la miraba entre alterado y enternecido. Esa chica que conocía hace apenas tres años, había adivinado su secreto, y lo trataba con una ternura y un deseo que no alcanzaba a entender. ¿Si aún sabiendo mi secreto sigue mirándome como antes, y sigue sin querer huir de mí…? ¿Realmente no me teme, realmente me quiere? Pensaba el chico sin poder evitarlo. Iris giró de nuevo, y se colocó sobre Jared. Lo miró a los ojos, buscando esa mirada pícara y salvaje que siempre estaba ahí. No la encontró, solo vio preocupación y expectación en esos hermosos ojos castaños.
-¿Qué te ocurre, Jared? ¿Estás bien?
-Yo… sí, es solo que… no entiendo cómo has descubierto mi secreto, y aún así me miras como antes y no tratas de huir del lobo salvaje que hay en mí.
Iris lo miró con lágrimas en los ojos, y se dejó caer junto a él. Al chico le acució la preocupación y rápidamente se giró un poco para ver la cara de ella. Al ver las lágrimas en sus ojos, se temió lo peor.
-Iris, hermosa, ¿qué te ocurre? Me tienes miedo, ¿verdad?
-¡No! ¡Claro que no! ¡¿Cómo iba a tenerte miedo cuando te has portado así con migo?! ¡Me has traído a tu lugar favorito, me has permitido conocer tu secreto, me has mirado como nunca lo habían hecho, me has besado con una pasión tan salvaje que me has dejado sin aliento! ¿Cómo iba a temerte a ti, Jared? ¡Lo que ocurre es que me has ofendido! ¡¿Cómo pensaste que podría huir de ti al saber que eras un hombre-lobo?! Yo… ¡Yo te quiero! –las lágrimas habían dado paso a un sonrojo que podría verse aunque estuvieran completamente a oscuras.
Jared no daba crédito. En sus ojos se reflejaba la imagen de Iris, sonrojada y ofendida, que miraba a las estrellas. Se sintió fatal al saber que era él quien la había hecho sentirse así. No pudo reprimir su instinto y abrazarla. La estrechó con fuerza entre sus brazos, cerrando los ojos, dándola calor. Ella abrió los ojos instintivamente, pero se dejó abrazar por él, disfrutando del calor que sentía. Sus brazos se cerraron alrededor de la cintura del chico y los de él la apretaron más fuerte. Y, así, Iris se quedó dormida. Al poco rato, Jared también cedió al sueño.
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Estaban en un claro del bosque tumbados sobre el césped, abrazados.
-Realmente este lugar es mágico, Jared… me encanta que me hayas traído aquí.
Ambos sonreían, mirando a la Luna y las estrellas.
-Dijiste que ibas a mostrarme algo cuando llegáramos… ¿Él qué, Jary?
-¿Desde cuándo me llamas Jary?
-¿Te molesta? Lo siento…
-Prefiero Jared, pero no me molesta.
Iris sonrió, y se giró, para colocarse sobre Jared. Acercó sus labios a los suyos y le besó con ternura. Cuando el beso terminó, él no pudo evitar una sonrisa.
-Eres muy atrevida para tener quince años, ¿no crees?
-Quizás… Tú tienes un aire muy salvaje para tener dieciséis, ¿o me equivoco?
-No, no te equivocas –dijo Jared, girando para colocarse sobre ella.
Sintió la llamada de lo salvaje y besó a Iris con una pasión inigualable, dejándola casi sin aliento. Al separar sus labios, la chica vio un brillo de locura salvaje en los ojos de él. Sonrió, estaba segura de saber el secreto de Jared. Giró de nuevo y se colocó sobre el chico. Se acercó a su oído y le susurró pícaramente.
-Sé tu secreto… -y lo besó salvajemente. Separó sus labios de los suyos escasos centímetros y le sonrió- chico-lobo.
Los ojos de Jared se abrieron al máximo. No podía creer que ella lo hubiera adivinado con tanta facilidad. No, seguramente está bromeando pensó el chico. Volvió a adoptar su expresión pícara y salvaje y giró otra vez, colocándose sobre Iris.
-¿Estás segura, preciosa? –dijo justo antes de volver a besarla.
Ella notó que sus besos eran cada vez más salvajes, a medida que la Luna se acercaba al centro del cielo, quedando más cerca la media noche. Cuando sus labios se separaron, ella le contestó con una mirada resuelta y una voz firme salida de una boca en la que estaba dibujada una sonrisa pícara.
-Sí, segurísima, pero no te preocupes, adoro a los lobos, Jary –su voz había perdido fuerza a medida que hablaba, hasta convertirse en un susurro tierno.
Jared seguía sobre ella, la miraba entre alterado y enternecido. Esa chica que conocía hace apenas tres años, había adivinado su secreto, y lo trataba con una ternura y un deseo que no alcanzaba a entender. ¿Si aún sabiendo mi secreto sigue mirándome como antes, y sigue sin querer huir de mí…? ¿Realmente no me teme, realmente me quiere? Pensaba el chico sin poder evitarlo. Iris giró de nuevo, y se colocó sobre Jared. Lo miró a los ojos, buscando esa mirada pícara y salvaje que siempre estaba ahí. No la encontró, solo vio preocupación y expectación en esos hermosos ojos castaños.
-¿Qué te ocurre, Jared? ¿Estás bien?
-Yo… sí, es solo que… no entiendo cómo has descubierto mi secreto, y aún así me miras como antes y no tratas de huir del lobo salvaje que hay en mí.
Iris lo miró con lágrimas en los ojos, y se dejó caer junto a él. Al chico le acució la preocupación y rápidamente se giró un poco para ver la cara de ella. Al ver las lágrimas en sus ojos, se temió lo peor.
-Iris, hermosa, ¿qué te ocurre? Me tienes miedo, ¿verdad?
-¡No! ¡Claro que no! ¡¿Cómo iba a tenerte miedo cuando te has portado así con migo?! ¡Me has traído a tu lugar favorito, me has permitido conocer tu secreto, me has mirado como nunca lo habían hecho, me has besado con una pasión tan salvaje que me has dejado sin aliento! ¿Cómo iba a temerte a ti, Jared? ¡Lo que ocurre es que me has ofendido! ¡¿Cómo pensaste que podría huir de ti al saber que eras un hombre-lobo?! Yo… ¡Yo te quiero! –las lágrimas habían dado paso a un sonrojo que podría verse aunque estuvieran completamente a oscuras.
Jared no daba crédito. En sus ojos se reflejaba la imagen de Iris, sonrojada y ofendida, que miraba a las estrellas. Se sintió fatal al saber que era él quien la había hecho sentirse así. No pudo reprimir su instinto y abrazarla. La estrechó con fuerza entre sus brazos, cerrando los ojos, dándola calor. Ella abrió los ojos instintivamente, pero se dejó abrazar por él, disfrutando del calor que sentía. Sus brazos se cerraron alrededor de la cintura del chico y los de él la apretaron más fuerte. Y, así, Iris se quedó dormida. Al poco rato, Jared también cedió al sueño.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Un hombre lobo para Ana
Esta es la tercera historia, y va dedicada a Aitana, que está enamorada de mi vecino, el chico que me lleba gustando desde 5º. Pero no penséis mal, él solo me gusta, yo estoy enamorada de alguien (aunque ese alguien no lo sepa), y nunca saldría con alguien que no fuera él. Así, que prefiero que a mi vecino se lo queda Aitana. ¡Tratalo bien, eh, que somos amigos :P!
-------------------------------------------------------------------
Ana estaba en el patio, en el segundo recreo, cuando vio a Shane, el chico que le gustaba, salir por la puerta del edificio. Vio a Iris levantarse y hablar con él. Iris era la vecina del chico, ella misma la había informado del porqué de la ausencia de Shane durante más de una semana.
-Tiene gripe A.
-¿Entonces cómo sabes que falta por eso?
-Llamé al telefonillo de su portal y hablé con su hermano pequeño, Shane está en cuarentena en su cuarto.
Ese día se le veía distinto. Más fuerte, más musculoso… y más unido a Iris de lo habitual. Ana sacudió la cabeza para desechar esos pensamientos, Iris amaba a Jared, no a Shane. De todas formas, en cuanto Shane entro de nuevo en el instituto, Ana fue a hablar con Iris.
-Hola. Hoy estás mucho rato con Shane, ¿no?
-No, es que me ha “contado” un secreto que solo… que solo sabemos él y yo. Pero tranquila, que cada día esté más bueno no quiere decir que vaya a enamorarme, yo estoy in loved de Jared. Además, cuando no hablamos del secreto, siempre hablamos de ti, creo que le gustas.
Eso dibujó una amplia sonrisa en la cara de Ana.
-Te lo prometo Ana, nunca te le quitaría.
En ese momento sonó el timbre que indicaba el final del recreo, y ambas entraron en el edificio.
* * * * *
Ya habían terminado las clases, y Ana, Sara y Elena bajaban las escaleras para salir del instituto. Iris y Shane se unieron a ellas frente a las taquillas.
-Hola, Ana –dijo Shane.
-Ho-hola –tartamudeó la chica, sorprendida.
-Shane quiere hablar con tigo. Pero como yo no puedo estar presente en la conversación y vas a ser tú quien tenga que adivinar el secreto… quiero que recuerdes todo lo que sepas de • Crepúsculo • y • Luna Nueva • a la hora de adivinar ese secreto. No puedo decirte más. ¡Suerte! –dijo Iris, dándole un abrazo a Ana.
Acto seguido, Shane cogió a Ana del brazo y se la llevó fuera.
-Bien, Ana, como ya te habrá dicho Iris, tú me gustas, pero para salir juntos… no puedo engañarte, así que tienes que adivinar mi secreto –le dijo Shane a la chica.
Ella se puso a pensar. Iris me dijo que recordara todo sobre Crepúsculo y Luna Nueva, así que… ¿vampiro? se preguntó en su fuero interno.
-Vale, entonces… muéstrame tu cuello –le pidió Ana a su supuesto vampiro.
Él hizo una mueca, pero le mostró a la chica su cuello.
-Vaya… -dijo algo decepcionada- no hay marcas de colmillos.
-Por supuesto, moriría antes que dejarme morder por un asqueroso chupasangre.
¿Dónde he oído eso antes? A Ana le vino un flashback.
-Dios… me encanta esta parte del libro –decía Iris mientras leía Amanecer, la cuarta parte de la Saga Crepúsculo-, Edward tiene que tragarse su orgullo y ese odio por los hombres lobo, para salvar la vida de Bella, y se ve obligado a proponerle que, si quiere tener un hijo, que sea con Jacob.
Si ese odio es recíproco… entonces Shane es un…
-Hombre lobo –dijo Ana en un susurro.
Él asintió, tomó a la chica del antebrazo y la atrajo hacia sí.
-¿Me temes? –preguntó en voz baja.
Ella negó con la cabeza. Shane sonrió y… la besó.
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Ana estaba en el patio, en el segundo recreo, cuando vio a Shane, el chico que le gustaba, salir por la puerta del edificio. Vio a Iris levantarse y hablar con él. Iris era la vecina del chico, ella misma la había informado del porqué de la ausencia de Shane durante más de una semana.
-Tiene gripe A.
-¿Entonces cómo sabes que falta por eso?
-Llamé al telefonillo de su portal y hablé con su hermano pequeño, Shane está en cuarentena en su cuarto.
Ese día se le veía distinto. Más fuerte, más musculoso… y más unido a Iris de lo habitual. Ana sacudió la cabeza para desechar esos pensamientos, Iris amaba a Jared, no a Shane. De todas formas, en cuanto Shane entro de nuevo en el instituto, Ana fue a hablar con Iris.
-Hola. Hoy estás mucho rato con Shane, ¿no?
-No, es que me ha “contado” un secreto que solo… que solo sabemos él y yo. Pero tranquila, que cada día esté más bueno no quiere decir que vaya a enamorarme, yo estoy in loved de Jared. Además, cuando no hablamos del secreto, siempre hablamos de ti, creo que le gustas.
Eso dibujó una amplia sonrisa en la cara de Ana.
-Te lo prometo Ana, nunca te le quitaría.
En ese momento sonó el timbre que indicaba el final del recreo, y ambas entraron en el edificio.
* * * * *
Ya habían terminado las clases, y Ana, Sara y Elena bajaban las escaleras para salir del instituto. Iris y Shane se unieron a ellas frente a las taquillas.
-Hola, Ana –dijo Shane.
-Ho-hola –tartamudeó la chica, sorprendida.
-Shane quiere hablar con tigo. Pero como yo no puedo estar presente en la conversación y vas a ser tú quien tenga que adivinar el secreto… quiero que recuerdes todo lo que sepas de • Crepúsculo • y • Luna Nueva • a la hora de adivinar ese secreto. No puedo decirte más. ¡Suerte! –dijo Iris, dándole un abrazo a Ana.
Acto seguido, Shane cogió a Ana del brazo y se la llevó fuera.
-Bien, Ana, como ya te habrá dicho Iris, tú me gustas, pero para salir juntos… no puedo engañarte, así que tienes que adivinar mi secreto –le dijo Shane a la chica.
Ella se puso a pensar. Iris me dijo que recordara todo sobre Crepúsculo y Luna Nueva, así que… ¿vampiro? se preguntó en su fuero interno.
-Vale, entonces… muéstrame tu cuello –le pidió Ana a su supuesto vampiro.
Él hizo una mueca, pero le mostró a la chica su cuello.
-Vaya… -dijo algo decepcionada- no hay marcas de colmillos.
-Por supuesto, moriría antes que dejarme morder por un asqueroso chupasangre.
¿Dónde he oído eso antes? A Ana le vino un flashback.
-Dios… me encanta esta parte del libro –decía Iris mientras leía Amanecer, la cuarta parte de la Saga Crepúsculo-, Edward tiene que tragarse su orgullo y ese odio por los hombres lobo, para salvar la vida de Bella, y se ve obligado a proponerle que, si quiere tener un hijo, que sea con Jacob.
Si ese odio es recíproco… entonces Shane es un…
-Hombre lobo –dijo Ana en un susurro.
Él asintió, tomó a la chica del antebrazo y la atrajo hacia sí.
-¿Me temes? –preguntó en voz baja.
Ella negó con la cabeza. Shane sonrió y… la besó.
El SMS del vampiro
Esta es la segunda historia. Se la dedico a Tania, que fue la primera en pedirme que le escribiera algo. ¡Besos, wapa!
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Sara estaba sentada en su pupitre, entretenida mientras garabateaba un único nombre cientos de veces en la hoja de su cuaderno en la que debería estar haciendo los ejercicios de lengua: (L) Matt (L) Se pasaba así todas las clases desde que había conocido ese chico que la había robado el corazón. Sonó el timbre que indicaba que terminaban las clases. Cerró el libro y recogió con rapidez, dispuesta a salir de clase para irse a casa con sus amigas. Pero cuando iba por el pasillo, sonó su móvil, era un mensaje nuevo.
Sara, te veo ahora, espérame delante de la puerta del instituto, voy a mostrarte algo que te gustará.
Matt.
Una sonrisa se dibujó en sus labios. Guardó el móvil de nuevo y bajó las escaleras a todo correr, empujando a todo el mundo mientras murmuraba varias disculpas. Habló con sus amigas y les dijo que se quedaría a esperar a Matt. Ellas se despidieron y se fueron charlando sobre por qué Matt querría quedar en ese momento con Sara. La aludida se sentó junto a la puerta que daba al instituto y se dispuso a esperar a ese chico cuyo nombre llenaba cada página de sus libros. Para su sorpresa, solo tubo que esperar un par de minutos. Enseguida su amado apareció tras de ella y la abrazó, sobresaltándola.
-¡Ah! –fue lo único que salio de los labios de Sara, que rápidamente ella misma tapó con su mano.
-Eh, que soy yo.
-¡Me has asustado! –dijo ella haciendo una mueca.
-Perdóname –susurró Matt con una sonrisa divertida.
Lo que ocurrió después fue lo que Sara siempre había querido, él la beso. Era un beso lleno de ternura, pero dado con la decisión de quien sabe que será bien recibido. Cuando los labios de ambos se separaron, la chica se sonrojó y desvió la mirada. Había dos cosas que la habían sorprendido de ese beso, la frialdad de los labios de quien se lo había dado, y los pulidos y afilados dientes que había tras esos labios de hielo. Entonces recordó la conversación que había tenido esa misma mañana con una amiga suya, amante de todo lo que concierne a vampiros y hombres lobo.
-Sara, ¿sabías que la temperatura de los vampiros es unos 7ºc inferior a la normal en los seres humanos, mientras que la de los hombres lobo es aproximadamente esos mismos 7ºc superior?
-¿Ah, sí?
-Sí, es una buena forma de distinguirlos de la gente normal.
Eso era exactamente… 7ºc inferior a la temperatura normal de cualquier persona, dientes afilados… No, solo son paranoias… Sin embargo, decidió no descartar la hipótesis y se disculpó un momento para telefonear a su amiga.
-¿Si? –se oyó al otro lado de la línea.
-Hola, Iris, soy yo.
-Ah, hola Sara. ¿Qué querías?
-Bueno, tú eres una fanática de todo lo sobrenatural e increíble y… quería saber si tienes idea de cómo identificar a un vampiro.
-Eso depende de la situación…
-Bueno, imagina que una chica está con un chico amigo suyo que la besa…
-Bien, entonces ella debería sentir sus labios duros y fríos, y si el beso es con lengua, los colmillos del vampiro. Y en ese caso la chica debería tener mucho cuidado de no cortarse con los dientes ponzoñosos del vampiro, por aquello de no convertirse en una vampira.
-Ah…
-¿Por qué lo preguntas? ¿No estarás… con un vampiro?
-¿Te alarmarías si te digo que sí?
-Eso depende… ¿tú estás asustada?
-Bueno… un poco, por el hecho de acabar de descubrir que el chico del que estoy enamorada es un vampiro y tal… pero su actitud no me da… ningún miedo.
-Bien, entonces sácale una foto con el móvil y me la mandas, le quiero poner en mi álbum de fotos de seres paranormales.
-Ok, venga, adiós.
-Bye.
Iris había colgado el teléfono.
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Sara estaba sentada en su pupitre, entretenida mientras garabateaba un único nombre cientos de veces en la hoja de su cuaderno en la que debería estar haciendo los ejercicios de lengua: (L) Matt (L) Se pasaba así todas las clases desde que había conocido ese chico que la había robado el corazón. Sonó el timbre que indicaba que terminaban las clases. Cerró el libro y recogió con rapidez, dispuesta a salir de clase para irse a casa con sus amigas. Pero cuando iba por el pasillo, sonó su móvil, era un mensaje nuevo.
Sara, te veo ahora, espérame delante de la puerta del instituto, voy a mostrarte algo que te gustará.
Matt.
Una sonrisa se dibujó en sus labios. Guardó el móvil de nuevo y bajó las escaleras a todo correr, empujando a todo el mundo mientras murmuraba varias disculpas. Habló con sus amigas y les dijo que se quedaría a esperar a Matt. Ellas se despidieron y se fueron charlando sobre por qué Matt querría quedar en ese momento con Sara. La aludida se sentó junto a la puerta que daba al instituto y se dispuso a esperar a ese chico cuyo nombre llenaba cada página de sus libros. Para su sorpresa, solo tubo que esperar un par de minutos. Enseguida su amado apareció tras de ella y la abrazó, sobresaltándola.
-¡Ah! –fue lo único que salio de los labios de Sara, que rápidamente ella misma tapó con su mano.
-Eh, que soy yo.
-¡Me has asustado! –dijo ella haciendo una mueca.
-Perdóname –susurró Matt con una sonrisa divertida.
Lo que ocurrió después fue lo que Sara siempre había querido, él la beso. Era un beso lleno de ternura, pero dado con la decisión de quien sabe que será bien recibido. Cuando los labios de ambos se separaron, la chica se sonrojó y desvió la mirada. Había dos cosas que la habían sorprendido de ese beso, la frialdad de los labios de quien se lo había dado, y los pulidos y afilados dientes que había tras esos labios de hielo. Entonces recordó la conversación que había tenido esa misma mañana con una amiga suya, amante de todo lo que concierne a vampiros y hombres lobo.
-Sara, ¿sabías que la temperatura de los vampiros es unos 7ºc inferior a la normal en los seres humanos, mientras que la de los hombres lobo es aproximadamente esos mismos 7ºc superior?
-¿Ah, sí?
-Sí, es una buena forma de distinguirlos de la gente normal.
Eso era exactamente… 7ºc inferior a la temperatura normal de cualquier persona, dientes afilados… No, solo son paranoias… Sin embargo, decidió no descartar la hipótesis y se disculpó un momento para telefonear a su amiga.
-¿Si? –se oyó al otro lado de la línea.
-Hola, Iris, soy yo.
-Ah, hola Sara. ¿Qué querías?
-Bueno, tú eres una fanática de todo lo sobrenatural e increíble y… quería saber si tienes idea de cómo identificar a un vampiro.
-Eso depende de la situación…
-Bueno, imagina que una chica está con un chico amigo suyo que la besa…
-Bien, entonces ella debería sentir sus labios duros y fríos, y si el beso es con lengua, los colmillos del vampiro. Y en ese caso la chica debería tener mucho cuidado de no cortarse con los dientes ponzoñosos del vampiro, por aquello de no convertirse en una vampira.
-Ah…
-¿Por qué lo preguntas? ¿No estarás… con un vampiro?
-¿Te alarmarías si te digo que sí?
-Eso depende… ¿tú estás asustada?
-Bueno… un poco, por el hecho de acabar de descubrir que el chico del que estoy enamorada es un vampiro y tal… pero su actitud no me da… ningún miedo.
-Bien, entonces sácale una foto con el móvil y me la mandas, le quiero poner en mi álbum de fotos de seres paranormales.
-Ok, venga, adiós.
-Bye.
Iris había colgado el teléfono.
Alex y el vampiro
¡Hola! ^^ Hacía mucho tiempo que no publicaba nada, y vengo pisando fuerte. Tengo cuatro historias nuevas, una es un trabajo para clase, las otras tres historias dedicadas a mis amigas y los chicos que las tienen enamoradas. ¡Espero que os gusten tanto como a ellas! En fin, este es el trabajo, y se lo dedico a todos mis compañeros de clase de lengua, que tanta gracia les hizo cuando tube que leer la historia en voz alta y llegué a la parte de la canción, xD. Por cierto, os dejo el link de la canción Shinoflow · el misterioso ciclo de tu pestañeo
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Alex era una chica normal hasta que Julio se cruzó en su vida. ¿Quién hubiera sospechado que un chico aparentemente normal guardaba un secreto tan espectacular?
Un día que aparentaba ser como otro cualquiera, Alex cogió el autobús para ir al instituto. Se sentó sola, con el walkman como única compañía, y estuvo mirando por la ventanilla, como hacía siempre. Pero ese día, cuando el autobús de detuvo en la siguiente parada, subió un chico nuevo. Alex nunca se habría dado cuenta si ese chico no hubiera tenido un aura tan… intimidante. Cuando el chico entró en el autobús, todos se estremecieron sin saber por qué. Julio inspeccionó el vehículo, sólo había un sitio libre, junto a una chica que llevaba un walkman y tenía la mirada perdida en el paisaje que se veía a través de la ventanilla. Julio esbozó una media sonrisa y se acercó a Alex. Se la quedó mirando mientras dejaba caer su mochila en el suelo, frente al asiento. Alex se quitó un auricular y, sin mirar quién era el que pretendía sentarse, habló.
-¿Quién te crees que eres para sentarte aquí?
-¿Quién te crees que eres para impedírmelo?
Al oír esa respuesta, Alex decidió que valía la pena saber quién era aquel chico. Se quedó de piedra. Era un chaval de tez pálida, que contrastaba con su ropa, de un negro absoluto. Camiseta negra, pantalones negros, chaqueta negra, playeras negras… y su cinturón, su gorra y sus cinco pulseras, eran negros, con pinchos. Llevaba el pelo lacio, de un castaño claro, semioculto por esa gorra tan guay. Sus ojos eran del color de la miel, unos ojos donde podrías perderte para siempre. Y Alex estuvo a punto. Si Julio no la hubiera llamado, se hubiera quedado mirando sus ojos por la eternidad.
-Eh, me llamo Julio.
-Eh… sí, esto… yo soy Alex.
-¿Puedo sentarme?
-¿Quién soy yo para impedírtelo?
Julio esbozó su media sonrisa habitual. Tomó asiento mientras Alex lo inspeccionaba, milímetro a milímetro, una y otra vez.
-Se te van a gastar los ojos, ¿no crees? –dijo Julio semi sonriendo. Alex se ruborizó.
-¿Tú no sonríes nunca? –preguntó Alex.
-¿Qué escuchas? –contestó Julio para evadir la pregunta.
-Shinoflow, El misterioso ciclo de tu pestañeo. Ya sabes, ¿dónde miras? ¿En qué estás pensando si están quietos? Talvez estés temblando porque guardan un secreto…
-…y no quieres que nadie lo sepa pues cierra los ojos porque ellos me lo cuentan.
-Pues sí, sí lo sabes… -se hizo un largo silencio que Alex utilizó para mirar los ojos de Julio- Tus ojos están quietos, ¿guardas un secreto?
Julio miró a Alex. Vio que tenía una carpeta en la que ponía “I love vampires” y en sus labios de dibujó, de nuevo, una media sonrisa.
-Sí, ¿quieres saberlo? –dijo Julio, tomando la barbilla de Alex para mirarla a los ojos. Ella asintió- Vampiro –fue la única palabra que salió de sus labios, corroborada por una amplia sonrisa por la que asomaban unos blancos y afilados colmillos.
Alex sonrió. Los labios de Julio se acercaron a los de ella y ambos se fundieron en un beso dado con infinita ternura, pero lleno de pasión.
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Alex era una chica normal hasta que Julio se cruzó en su vida. ¿Quién hubiera sospechado que un chico aparentemente normal guardaba un secreto tan espectacular?
Un día que aparentaba ser como otro cualquiera, Alex cogió el autobús para ir al instituto. Se sentó sola, con el walkman como única compañía, y estuvo mirando por la ventanilla, como hacía siempre. Pero ese día, cuando el autobús de detuvo en la siguiente parada, subió un chico nuevo. Alex nunca se habría dado cuenta si ese chico no hubiera tenido un aura tan… intimidante. Cuando el chico entró en el autobús, todos se estremecieron sin saber por qué. Julio inspeccionó el vehículo, sólo había un sitio libre, junto a una chica que llevaba un walkman y tenía la mirada perdida en el paisaje que se veía a través de la ventanilla. Julio esbozó una media sonrisa y se acercó a Alex. Se la quedó mirando mientras dejaba caer su mochila en el suelo, frente al asiento. Alex se quitó un auricular y, sin mirar quién era el que pretendía sentarse, habló.
-¿Quién te crees que eres para sentarte aquí?
-¿Quién te crees que eres para impedírmelo?
Al oír esa respuesta, Alex decidió que valía la pena saber quién era aquel chico. Se quedó de piedra. Era un chaval de tez pálida, que contrastaba con su ropa, de un negro absoluto. Camiseta negra, pantalones negros, chaqueta negra, playeras negras… y su cinturón, su gorra y sus cinco pulseras, eran negros, con pinchos. Llevaba el pelo lacio, de un castaño claro, semioculto por esa gorra tan guay. Sus ojos eran del color de la miel, unos ojos donde podrías perderte para siempre. Y Alex estuvo a punto. Si Julio no la hubiera llamado, se hubiera quedado mirando sus ojos por la eternidad.
-Eh, me llamo Julio.
-Eh… sí, esto… yo soy Alex.
-¿Puedo sentarme?
-¿Quién soy yo para impedírtelo?
Julio esbozó su media sonrisa habitual. Tomó asiento mientras Alex lo inspeccionaba, milímetro a milímetro, una y otra vez.
-Se te van a gastar los ojos, ¿no crees? –dijo Julio semi sonriendo. Alex se ruborizó.
-¿Tú no sonríes nunca? –preguntó Alex.
-¿Qué escuchas? –contestó Julio para evadir la pregunta.
-Shinoflow, El misterioso ciclo de tu pestañeo. Ya sabes, ¿dónde miras? ¿En qué estás pensando si están quietos? Talvez estés temblando porque guardan un secreto…
-…y no quieres que nadie lo sepa pues cierra los ojos porque ellos me lo cuentan.
-Pues sí, sí lo sabes… -se hizo un largo silencio que Alex utilizó para mirar los ojos de Julio- Tus ojos están quietos, ¿guardas un secreto?
Julio miró a Alex. Vio que tenía una carpeta en la que ponía “I love vampires” y en sus labios de dibujó, de nuevo, una media sonrisa.
-Sí, ¿quieres saberlo? –dijo Julio, tomando la barbilla de Alex para mirarla a los ojos. Ella asintió- Vampiro –fue la única palabra que salió de sus labios, corroborada por una amplia sonrisa por la que asomaban unos blancos y afilados colmillos.
Alex sonrió. Los labios de Julio se acercaron a los de ella y ambos se fundieron en un beso dado con infinita ternura, pero lleno de pasión.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Cementerio
Bueno, me he pasado la noche leyendo (por recomendación de mi primo, Leon Durmiente) "El príncipe de la niebla" y creo, o más bien espero, que se me haya pegado algo...
---------------------------------------------------------------------------------
Es noche cerrada, solo iluminada por las estrellas y la Luna llena. Voy arrastrando los pies, camino del cementerio del pueblo, con la linterna que llevo en la mano, temblando. Por mi mente pasan las imágenes de esta misma tarde: mis amigos y yo, sentados en el garaje de Will, contando historias de terror.
-¡Maldita sea mi suerte! ¡Tuvo que tocarme a mí el reto de esta semana!
Doy un salto en el sitio. ¿Me acaba de asustar mi propia voz? ¿Donde quedó la chica valiente que se adentraría en el cementerio y pasaría la noche allí, sentada sobre una lápida hasta el alba? Me la habré dejado en el umbral de la puerta de mi casa. Dejo de caminar. Ante mí se yergue la puerta del cementerio. Alargo una mano temblorosa y empujo la verja de hierro, que se abre con un sonoro chirrido. Cuando está lo suficientemente abierta como para entrar, me deslizo dentro y cierro. Ilumino con la linterna el que será el escenario de mis paranoias de aquí al amanecer.
-Bien, tranquila -me digo en un susurro- solo es un cementerio, lo único vivo que hay por aquí son arañas y ratas.
Un escalofrío me recorre la espina dorsal: arañas ¡que asco! Se oye un aullido lejano.
-Solo es un perro -me miento, en verdad se que hay un bosque tras el cementerio, habitado por lobos.
Reemprendo la caminata, esta vez sin rumbo fijo. Se oye otro aullido, más cerca que el anterior, que siembra una semilla de pánico en mi corazón. Sigo andando, mientras la semilla de pánico comienza a germinar al oír otro aullido, preocupantemente cerca.
...¿Por qué no huyes?...
Es esa maldita vocecita ¿no tiene nada mejor que hacer que tocarme las narices?
-No puedo huir -le contesto a la vocecita que solo existe en mi cabeza- Will me llamó cobarde, le demostraré que no lo soy.
...Will te ha mandado a una muerte segura, él sabe que los lobos bajan a la linde del bosque las noches de Luna llena...
-¡Eso es mentira! -grito.
Por mi mente comienzan a circular varias hipótesis: ¿Me estoy volviendo loca? ¿En vedad Will desea que yo muera esta noche, devorada por los lobos? ¿Vale la pena huir? ¿O muero conservando el honor? Un aullido a mis espaldas me saca de mis pensamientos. Me giro lentamente, temerosa de lo que pueda encontrar. Un lobo. Un lobo gris, echando espuma por la boca, gruñendo por lo bajo y apoyado sobre sus patas delanteras. La semilla de pánico se convierte en un enorme árbol de terror plantado en mi corazón. Siento a las piernas fallarme y las rodillas se me doblan, haciendo que caiga al suelo. El lobo me mira, sin moverse un centímetro.
...¿Lo ves? Una muerte segura, a manos de un lobo hambriento...
La vocecita tiene razón, voy a morir a manos de un lobo por culpa de mi orgullo, si hubiera huido antes... quizás ahora podría estar en casa, tomando una taza de Cola-Cao caliente. El lobo avanza un paso. Luego otro. Y luego el último que nos separa. Cierro los ojos con fuerza, deseando que sea rápido y no muy doloroso. No ocurre nada. Segundos después noto una lengua húmeda en mi rostro. Abro los ojos. ¡Es increíble! ¡El lobo no me está atacando! ¡Me está lamiendo! Lo alejo un poco de mí y lo miro con atención: No es un lobo, es el perro del enterrador.
-Hola, precioso -digo mientras le acaricio con cariño- ¿Eras tú quien aullaba a la Luna?
El perro niega con la cabeza, como si me hubiera entendido. Me abrazo a él sollozando. Debería irme ahora que puedo.. ¿o seré tan estúpida como para quedarme a esperar si llegará mi hora antes del alba?
...Estúpida...
La vocecita tiene razón, no sería capaz de salir de aquí e irme a casa por muy asustada que estuviera.
...Estúpida...
-Lo se -susurro para la vocecita- Lo se.
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Es noche cerrada, solo iluminada por las estrellas y la Luna llena. Voy arrastrando los pies, camino del cementerio del pueblo, con la linterna que llevo en la mano, temblando. Por mi mente pasan las imágenes de esta misma tarde: mis amigos y yo, sentados en el garaje de Will, contando historias de terror.
-¡Maldita sea mi suerte! ¡Tuvo que tocarme a mí el reto de esta semana!
Doy un salto en el sitio. ¿Me acaba de asustar mi propia voz? ¿Donde quedó la chica valiente que se adentraría en el cementerio y pasaría la noche allí, sentada sobre una lápida hasta el alba? Me la habré dejado en el umbral de la puerta de mi casa. Dejo de caminar. Ante mí se yergue la puerta del cementerio. Alargo una mano temblorosa y empujo la verja de hierro, que se abre con un sonoro chirrido. Cuando está lo suficientemente abierta como para entrar, me deslizo dentro y cierro. Ilumino con la linterna el que será el escenario de mis paranoias de aquí al amanecer.
-Bien, tranquila -me digo en un susurro- solo es un cementerio, lo único vivo que hay por aquí son arañas y ratas.
Un escalofrío me recorre la espina dorsal: arañas ¡que asco! Se oye un aullido lejano.
-Solo es un perro -me miento, en verdad se que hay un bosque tras el cementerio, habitado por lobos.
Reemprendo la caminata, esta vez sin rumbo fijo. Se oye otro aullido, más cerca que el anterior, que siembra una semilla de pánico en mi corazón. Sigo andando, mientras la semilla de pánico comienza a germinar al oír otro aullido, preocupantemente cerca.
...¿Por qué no huyes?...
Es esa maldita vocecita ¿no tiene nada mejor que hacer que tocarme las narices?
-No puedo huir -le contesto a la vocecita que solo existe en mi cabeza- Will me llamó cobarde, le demostraré que no lo soy.
...Will te ha mandado a una muerte segura, él sabe que los lobos bajan a la linde del bosque las noches de Luna llena...
-¡Eso es mentira! -grito.
Por mi mente comienzan a circular varias hipótesis: ¿Me estoy volviendo loca? ¿En vedad Will desea que yo muera esta noche, devorada por los lobos? ¿Vale la pena huir? ¿O muero conservando el honor? Un aullido a mis espaldas me saca de mis pensamientos. Me giro lentamente, temerosa de lo que pueda encontrar. Un lobo. Un lobo gris, echando espuma por la boca, gruñendo por lo bajo y apoyado sobre sus patas delanteras. La semilla de pánico se convierte en un enorme árbol de terror plantado en mi corazón. Siento a las piernas fallarme y las rodillas se me doblan, haciendo que caiga al suelo. El lobo me mira, sin moverse un centímetro.
...¿Lo ves? Una muerte segura, a manos de un lobo hambriento...
La vocecita tiene razón, voy a morir a manos de un lobo por culpa de mi orgullo, si hubiera huido antes... quizás ahora podría estar en casa, tomando una taza de Cola-Cao caliente. El lobo avanza un paso. Luego otro. Y luego el último que nos separa. Cierro los ojos con fuerza, deseando que sea rápido y no muy doloroso. No ocurre nada. Segundos después noto una lengua húmeda en mi rostro. Abro los ojos. ¡Es increíble! ¡El lobo no me está atacando! ¡Me está lamiendo! Lo alejo un poco de mí y lo miro con atención: No es un lobo, es el perro del enterrador.
-Hola, precioso -digo mientras le acaricio con cariño- ¿Eras tú quien aullaba a la Luna?
El perro niega con la cabeza, como si me hubiera entendido. Me abrazo a él sollozando. Debería irme ahora que puedo.. ¿o seré tan estúpida como para quedarme a esperar si llegará mi hora antes del alba?
...Estúpida...
La vocecita tiene razón, no sería capaz de salir de aquí e irme a casa por muy asustada que estuviera.
...Estúpida...
-Lo se -susurro para la vocecita- Lo se.
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