viernes, 20 de noviembre de 2009

Alex y el vampiro

¡Hola! ^^ Hacía mucho tiempo que no publicaba nada, y vengo pisando fuerte. Tengo cuatro historias nuevas, una es un trabajo para clase, las otras tres historias dedicadas a mis amigas y los chicos que las tienen enamoradas. ¡Espero que os gusten tanto como a ellas! En fin, este es el trabajo, y se lo dedico a todos mis compañeros de clase de lengua, que tanta gracia les hizo cuando tube que leer la historia en voz alta y llegué a la parte de la canción, xD. Por cierto, os dejo el link de la canción Shinoflow · el misterioso ciclo de tu pestañeo

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Alex era una chica normal hasta que Julio se cruzó en su vida. ¿Quién hubiera sospechado que un chico aparentemente normal guardaba un secreto tan espectacular?

Un día que aparentaba ser como otro cualquiera, Alex cogió el autobús para ir al instituto. Se sentó sola, con el walkman como única compañía, y estuvo mirando por la ventanilla, como hacía siempre. Pero ese día, cuando el autobús de detuvo en la siguiente parada, subió un chico nuevo. Alex nunca se habría dado cuenta si ese chico no hubiera tenido un aura tan… intimidante. Cuando el chico entró en el autobús, todos se estremecieron sin saber por qué. Julio inspeccionó el vehículo, sólo había un sitio libre, junto a una chica que llevaba un walkman y tenía la mirada perdida en el paisaje que se veía a través de la ventanilla. Julio esbozó una media sonrisa y se acercó a Alex. Se la quedó mirando mientras dejaba caer su mochila en el suelo, frente al asiento. Alex se quitó un auricular y, sin mirar quién era el que pretendía sentarse, habló.

-¿Quién te crees que eres para sentarte aquí?

-¿Quién te crees que eres para impedírmelo?

Al oír esa respuesta, Alex decidió que valía la pena saber quién era aquel chico. Se quedó de piedra. Era un chaval de tez pálida, que contrastaba con su ropa, de un negro absoluto. Camiseta negra, pantalones negros, chaqueta negra, playeras negras… y su cinturón, su gorra y sus cinco pulseras, eran negros, con pinchos. Llevaba el pelo lacio, de un castaño claro, semioculto por esa gorra tan guay. Sus ojos eran del color de la miel, unos ojos donde podrías perderte para siempre. Y Alex estuvo a punto. Si Julio no la hubiera llamado, se hubiera quedado mirando sus ojos por la eternidad.

-Eh, me llamo Julio.

-Eh… sí, esto… yo soy Alex.

-¿Puedo sentarme?

-¿Quién soy yo para impedírtelo?

Julio esbozó su media sonrisa habitual. Tomó asiento mientras Alex lo inspeccionaba, milímetro a milímetro, una y otra vez.

-Se te van a gastar los ojos, ¿no crees? –dijo Julio semi sonriendo. Alex se ruborizó.

-¿Tú no sonríes nunca? –preguntó Alex.

-¿Qué escuchas? –contestó Julio para evadir la pregunta.

-Shinoflow, El misterioso ciclo de tu pestañeo. Ya sabes, ¿dónde miras? ¿En qué estás pensando si están quietos? Talvez estés temblando porque guardan un secreto…

-…y no quieres que nadie lo sepa pues cierra los ojos porque ellos me lo cuentan.

-Pues sí, sí lo sabes… -se hizo un largo silencio que Alex utilizó para mirar los ojos de Julio- Tus ojos están quietos, ¿guardas un secreto?

Julio miró a Alex. Vio que tenía una carpeta en la que ponía “I love vampires” y en sus labios de dibujó, de nuevo, una media sonrisa.

-Sí, ¿quieres saberlo? –dijo Julio, tomando la barbilla de Alex para mirarla a los ojos. Ella asintió- Vampiro –fue la única palabra que salió de sus labios, corroborada por una amplia sonrisa por la que asomaban unos blancos y afilados colmillos.

Alex sonrió. Los labios de Julio se acercaron a los de ella y ambos se fundieron en un beso dado con infinita ternura, pero lleno de pasión.

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