Esta es la segunda historia. Se la dedico a Tania, que fue la primera en pedirme que le escribiera algo. ¡Besos, wapa!
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Sara estaba sentada en su pupitre, entretenida mientras garabateaba un único nombre cientos de veces en la hoja de su cuaderno en la que debería estar haciendo los ejercicios de lengua: (L) Matt (L) Se pasaba así todas las clases desde que había conocido ese chico que la había robado el corazón. Sonó el timbre que indicaba que terminaban las clases. Cerró el libro y recogió con rapidez, dispuesta a salir de clase para irse a casa con sus amigas. Pero cuando iba por el pasillo, sonó su móvil, era un mensaje nuevo.
Sara, te veo ahora, espérame delante de la puerta del instituto, voy a mostrarte algo que te gustará.
Matt.
Una sonrisa se dibujó en sus labios. Guardó el móvil de nuevo y bajó las escaleras a todo correr, empujando a todo el mundo mientras murmuraba varias disculpas. Habló con sus amigas y les dijo que se quedaría a esperar a Matt. Ellas se despidieron y se fueron charlando sobre por qué Matt querría quedar en ese momento con Sara. La aludida se sentó junto a la puerta que daba al instituto y se dispuso a esperar a ese chico cuyo nombre llenaba cada página de sus libros. Para su sorpresa, solo tubo que esperar un par de minutos. Enseguida su amado apareció tras de ella y la abrazó, sobresaltándola.
-¡Ah! –fue lo único que salio de los labios de Sara, que rápidamente ella misma tapó con su mano.
-Eh, que soy yo.
-¡Me has asustado! –dijo ella haciendo una mueca.
-Perdóname –susurró Matt con una sonrisa divertida.
Lo que ocurrió después fue lo que Sara siempre había querido, él la beso. Era un beso lleno de ternura, pero dado con la decisión de quien sabe que será bien recibido. Cuando los labios de ambos se separaron, la chica se sonrojó y desvió la mirada. Había dos cosas que la habían sorprendido de ese beso, la frialdad de los labios de quien se lo había dado, y los pulidos y afilados dientes que había tras esos labios de hielo. Entonces recordó la conversación que había tenido esa misma mañana con una amiga suya, amante de todo lo que concierne a vampiros y hombres lobo.
-Sara, ¿sabías que la temperatura de los vampiros es unos 7ºc inferior a la normal en los seres humanos, mientras que la de los hombres lobo es aproximadamente esos mismos 7ºc superior?
-¿Ah, sí?
-Sí, es una buena forma de distinguirlos de la gente normal.
Eso era exactamente… 7ºc inferior a la temperatura normal de cualquier persona, dientes afilados… No, solo son paranoias… Sin embargo, decidió no descartar la hipótesis y se disculpó un momento para telefonear a su amiga.
-¿Si? –se oyó al otro lado de la línea.
-Hola, Iris, soy yo.
-Ah, hola Sara. ¿Qué querías?
-Bueno, tú eres una fanática de todo lo sobrenatural e increíble y… quería saber si tienes idea de cómo identificar a un vampiro.
-Eso depende de la situación…
-Bueno, imagina que una chica está con un chico amigo suyo que la besa…
-Bien, entonces ella debería sentir sus labios duros y fríos, y si el beso es con lengua, los colmillos del vampiro. Y en ese caso la chica debería tener mucho cuidado de no cortarse con los dientes ponzoñosos del vampiro, por aquello de no convertirse en una vampira.
-Ah…
-¿Por qué lo preguntas? ¿No estarás… con un vampiro?
-¿Te alarmarías si te digo que sí?
-Eso depende… ¿tú estás asustada?
-Bueno… un poco, por el hecho de acabar de descubrir que el chico del que estoy enamorada es un vampiro y tal… pero su actitud no me da… ningún miedo.
-Bien, entonces sácale una foto con el móvil y me la mandas, le quiero poner en mi álbum de fotos de seres paranormales.
-Ok, venga, adiós.
-Bye.
Iris había colgado el teléfono.
viernes, 20 de noviembre de 2009
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