lunes, 30 de noviembre de 2009

El trabajo del fantasma

¡Hola! Al fin he terminado el trabajo de Lengua del fantasma ¬¬. La verdad es que no me ha quedado mal, así que voy a subirlo. No he encontrado un buen título que ponerle... así que nada, es El trabajo del fantasma, xD. Esta historia no se la puedo dedicar a nadie más que a mí, así que sigo debiéndole a Yass una historia wapa con el vampiro de sus sueños. Besos y... espero que os guste.

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Iris caminaba por los pasillos del instituto, perdida en sus pensamientos. Sintió una caricia en el rostro, y un cosquilleo le recorrió la espina dorsal. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Para alguien corriente, nada había causado esa sonrisa, pero Iris lo tenía muy claro: había sido Erick. Una voz resonó en su cabeza, una voz que no era la suya. Hola, Iris.

-Hola, Erick –musitó la chica.

Otra caricia. Para ella no había nada tan reconfortante como esos roces etéreos que le proporcionaba su amigo. ¿Vuelves a estar sola? Iris asintió imperceptiblemente. A la chica no la agradaba la compañía de sus estúpidos compañeros de curso. La miraban de reojo, esperando a que hiciera algo que denotara locura, como hablar sola en susurros o reír sin razón alguna. Para ellos, Erick no existía, porque la mayoría de la gente no puede ver a los fantasmas. Por eso Iris evitaba a toda costa estar con cualquier otra persona, porque le resultaba imposible ignorar a su amigo incorpóreo. Sonó el timbre que indicaba el final del recreo. La chica se encaminó, sin prisa, hacia el aula de lengua. No soportaba esa clase, allí tenía que sentarse con otras tres personas, dos chicas y un chico. Ana y Sara, que así se llamaban, no paraban de parlotear sobre temas superfluos, y Javier, el chico, se pasaba la clase mirándola, casi sin parpadear. Iris odiaba ser el centro de atención, aunque solo fuera de una única persona. Cuando al fin llegó a la puerta, la empujó con suavidad y entró en silencio al aula. Cerró la puerta tras de sí y se deslizó hasta su sitio. Nadie se dio cuenta de su llegada tardía, nadie excepto Javier, que no separó los ojos de ella desde que se sentó en su silla. Ella sacó los libros y se puso a hacer los ejercicios que había apuntados en la pizarra. Javier no deja de mirarte… resonó en la cabeza de la chica.

-Lo sé… no lo soporto –murmuró Iris.

El resto de la hora, la chica se dedicó a terminar las tareas y perderse en sus pensamientos, mientras el chico no apartaba la vista de ella. Sonó el timbre, declarando el final de su tortura. Rápidamente Iris guardó libros y estuche en su mochila. Salió disparada de clase y bajó las escaleras a toda velocidad, precedida de Javier y seguida por Erick. Una sonrisa de dibujó en el rostro del fantasma y dio un leve empujón a la chica, que resbaló y fue a parar a los brazos de Javier.

-Lo… lo siento… -musitó Iris, algo cohibida.

-No importa.

¡Esa voz! Esa era la voz que hablaba en los sueños de ella, la que le hacía promesas de un lugar alejado de todo y de todos, solos ellos dos y los seres más increíbles del mundo: sirenas, vampiros, duendes, hadas, hombres lobo…

-¡Tú! –casi gritó la chica.

-Sí. Es mi voz la que oyes en tus sueños –susurró Javier en el oído de Iris.

-¿Eres… un brujo? –dijo Iris, casi sin voz.

-Así es, pero tú tampoco eres del todo normal, ¿o me equivoco? –siguió diciendo Javier en susurros.

Ella negó con la cabeza en un gesto casi imperceptible.

-Y esas promesas… las de mis sueños… ¿son reales? –murmuró la chica.

-Por supuesto, solos tú, Erick y yo, en un mundo alejado de esos imbéciles, ¿qué te parece?

-Perfecto –y eso fue lo último que Iris dijo en la Tierra, porque estaban en las escaleras del instituto, y al segundo siguiente junto a un lago de aguas cristalinas en el que se bañaba un grupo de ninfas.

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