Esta es la cuarta historia, se la dedico a.. ¡mí! Esta historia la protagonizamos yo y el chico por el que siento lo que nunca sentiré por nadie más, aunque él no lo sepa.
---------------------------------------------------------------
Estaban en un claro del bosque tumbados sobre el césped, abrazados.
-Realmente este lugar es mágico, Jared… me encanta que me hayas traído aquí.
Ambos sonreían, mirando a la Luna y las estrellas.
-Dijiste que ibas a mostrarme algo cuando llegáramos… ¿Él qué, Jary?
-¿Desde cuándo me llamas Jary?
-¿Te molesta? Lo siento…
-Prefiero Jared, pero no me molesta.
Iris sonrió, y se giró, para colocarse sobre Jared. Acercó sus labios a los suyos y le besó con ternura. Cuando el beso terminó, él no pudo evitar una sonrisa.
-Eres muy atrevida para tener quince años, ¿no crees?
-Quizás… Tú tienes un aire muy salvaje para tener dieciséis, ¿o me equivoco?
-No, no te equivocas –dijo Jared, girando para colocarse sobre ella.
Sintió la llamada de lo salvaje y besó a Iris con una pasión inigualable, dejándola casi sin aliento. Al separar sus labios, la chica vio un brillo de locura salvaje en los ojos de él. Sonrió, estaba segura de saber el secreto de Jared. Giró de nuevo y se colocó sobre el chico. Se acercó a su oído y le susurró pícaramente.
-Sé tu secreto… -y lo besó salvajemente. Separó sus labios de los suyos escasos centímetros y le sonrió- chico-lobo.
Los ojos de Jared se abrieron al máximo. No podía creer que ella lo hubiera adivinado con tanta facilidad. No, seguramente está bromeando pensó el chico. Volvió a adoptar su expresión pícara y salvaje y giró otra vez, colocándose sobre Iris.
-¿Estás segura, preciosa? –dijo justo antes de volver a besarla.
Ella notó que sus besos eran cada vez más salvajes, a medida que la Luna se acercaba al centro del cielo, quedando más cerca la media noche. Cuando sus labios se separaron, ella le contestó con una mirada resuelta y una voz firme salida de una boca en la que estaba dibujada una sonrisa pícara.
-Sí, segurísima, pero no te preocupes, adoro a los lobos, Jary –su voz había perdido fuerza a medida que hablaba, hasta convertirse en un susurro tierno.
Jared seguía sobre ella, la miraba entre alterado y enternecido. Esa chica que conocía hace apenas tres años, había adivinado su secreto, y lo trataba con una ternura y un deseo que no alcanzaba a entender. ¿Si aún sabiendo mi secreto sigue mirándome como antes, y sigue sin querer huir de mí…? ¿Realmente no me teme, realmente me quiere? Pensaba el chico sin poder evitarlo. Iris giró de nuevo, y se colocó sobre Jared. Lo miró a los ojos, buscando esa mirada pícara y salvaje que siempre estaba ahí. No la encontró, solo vio preocupación y expectación en esos hermosos ojos castaños.
-¿Qué te ocurre, Jared? ¿Estás bien?
-Yo… sí, es solo que… no entiendo cómo has descubierto mi secreto, y aún así me miras como antes y no tratas de huir del lobo salvaje que hay en mí.
Iris lo miró con lágrimas en los ojos, y se dejó caer junto a él. Al chico le acució la preocupación y rápidamente se giró un poco para ver la cara de ella. Al ver las lágrimas en sus ojos, se temió lo peor.
-Iris, hermosa, ¿qué te ocurre? Me tienes miedo, ¿verdad?
-¡No! ¡Claro que no! ¡¿Cómo iba a tenerte miedo cuando te has portado así con migo?! ¡Me has traído a tu lugar favorito, me has permitido conocer tu secreto, me has mirado como nunca lo habían hecho, me has besado con una pasión tan salvaje que me has dejado sin aliento! ¿Cómo iba a temerte a ti, Jared? ¡Lo que ocurre es que me has ofendido! ¡¿Cómo pensaste que podría huir de ti al saber que eras un hombre-lobo?! Yo… ¡Yo te quiero! –las lágrimas habían dado paso a un sonrojo que podría verse aunque estuvieran completamente a oscuras.
Jared no daba crédito. En sus ojos se reflejaba la imagen de Iris, sonrojada y ofendida, que miraba a las estrellas. Se sintió fatal al saber que era él quien la había hecho sentirse así. No pudo reprimir su instinto y abrazarla. La estrechó con fuerza entre sus brazos, cerrando los ojos, dándola calor. Ella abrió los ojos instintivamente, pero se dejó abrazar por él, disfrutando del calor que sentía. Sus brazos se cerraron alrededor de la cintura del chico y los de él la apretaron más fuerte. Y, así, Iris se quedó dormida. Al poco rato, Jared también cedió al sueño.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Como tú has dicho, en algo se parece a Crepúsculo.
ResponderEliminarNo está mal. Por algo se empieza ^^.
Sigue así, quizá consigas escribir tu propio libro algún día.
Un saludo,
San